dijous, 25 d’abril del 2013

Sexo con una chica infiel


Nunca he oído hablar sobre el desamor sufrido por un hombre, tal vez sea porque leo poco, pero el caso sigue siendo el mismo. ¿Alguna vez te has preguntado si nosotros, los hombres, hemos tenido alguna vez ganas de llorar a causa de la mentira de una mujer? En mi caso, varias.
Suena mal si lo admitimos, no es una frase muy común entre los hombres, nos hace parecer vulnerables y hoy en día no está muy bien aceptado eso de tener sentimientos. 
Hace unos años conocí a una chica, guapa, con curvas y un sentido del humor que enamoraba. Todos me felicitaban por tener a una chica como aquella, y yo como hombre que soy, me enorgullecí de algo que nunca tendría.  Era una chica difícil de controlar, no le gustaba el compromiso y a pesar de haberme advertido, yo la seguía queriendo.
Cuando recuerdo sus ojos, me pregunto cómo no lo vi, esa mujer tenía encantos capaz de seducir a cualquier hombre, pero sus ojos eran su arma homicida, si les hubiese puesto más atención me habría dado cuenta de que ella no me amaba.
Los humanos somos extraños, nos aferramos a algo esperando que este sea el correcto, deseando que nos proporcione la seguridad necesaria para no caer al vacío, pero cuando nos damos cuenta que no es más que una pobre rama seca, es demasiado tarde. En mi caso me aferré a ella como si mañana no hubiese, y temiendo perderla, dejé de ser yo. Complacía cada uno de sus deseos, aceptaba sus retrasos, no la contradecía en nada, y todo por no querer aceptar la verdad.  El sexo, ése es el único momento en el que recuerdo que ella fuese sincera. Lo hacía todo para hacerla sentir viva, con lujuria, lascivia y alevosía, para que perdiese el ritmo de su propio corazón y que sintiese su cuerpo recorrido por mis miradas, lo único que quería era que se saciase conmigo, después de todo, esa era nuestra naturaleza.
Pero por muy bonito que sea un principio cada libro tiene su final y por muy ridículo que suene, lo nuestro duró un par de capítulos.
Yo no dije nunca nada, ella me dejó por no tener personalidad, y después de unas semanas, aún a sabiendas de que ella tenía novio, nos encontrábamos nuevamente en la cama, haciendo lo único que sabíamos hacer entre nosotros.
Entre sus cejas vivas vi brillar una estrella. El cielo estaba azul, y yo, estaba desnudo.
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