Buenas!
Esta redacción no es nada esecial ya que era para el insti, pero mira, me hacia ilu ^^
Va sobre la igualdad entre mujeres y hombres, aviso es en primera persona, por lo tanto no es un tostón. :P
Espero que os guste!
***
Aún no me puedo creer que haya llegado vivita y coleando,
con el miedo que he pasado cuando el avión ha despegado. Esto de tener miedo a
las alturas es realmente agotador.
El hotel en el que nos hemos alojado no está nada mal. Tiene televisión, ducha
con chorros a propulsión (cómo nos lo vamos a pasar de bien las chicas y yo ahí
dentro) y unas camas que parecen estar
hechas con plumas de ángel; en conclusión, esto a la compañía de futbol le debe
de haber costado un riñón o dos. Ya hace tres años que empecé a practicar fútbol
en este equipo, y sinceramente estoy muy agradecida de haberlo hecho. Aquí la
gente es muy buena conmigo y gracias al esfuerzo de todas, ¡por fin dentro de
unos momentos será el gran encuentro!
No estaba muy convencida cuando me lo explicaron, ninguna de
nosotras lo estaba. Pero después de soltarnos un montón de palabrerías, cómo
ahora, que ésta seria una de las pocas oportunidades de demostrar lo que valíamos,
nos lo repensamos. Es cierto que nunca se había hecho esto, y también es cierto
que es un gran honor que nos eligieran a nosotras entre todos los equipos de fútbol
femenino del país, pero, hacer un partido entre las mejores jugadoras y
jugadores es algo complicado. “ Los
chicos son más resistentes que nosotras, y es muy posible que perdamos”. Eso es lo que decían todas mis compañeras de
equipo. Pero después de un “super entreno” diseñado por mi, en un mes, nos
pusimos tan fuertes como robles que en lo único que pensábamos era en ganar.
Nos llaman a la puerta, supongo que tenemos que salir ya. Me
pongo el pantalón y la camiseta i las bambas. Se van a enterar esos chavales de
lo que valemos.
3,2,1, salimos. El campo es enorme, luces por todos lados
alumbran incluso mi propia sombra, y los
aullidos de los espectadores me dejan más sorda que Marlee Matlin. No sé si gritan por nosotras o por
el grupo de chicos que salen por la puerta de delante, todos ellos, tal y como
sospechaba, bien formados. El árbitro dice que los capitanes salgan a hacer el
“cara o cruz” que determinará quien se queda con la pelota. Salgo. Detrás mio
quedan todas mis amigas, caras conocidas, al lado, un hombre de unos 30 años
con una moneda. Delante mio el capitán de los Eagles, caras desconocidas, en
las que no puedo confiar. Saco pecho y miro hacia delante. Escojo cara, Evans,
el capitán de los Eagles, cruz y el árbitro deja que la suerte decida. Cara.
Sacamos.
Cojo el balón, y por fin el primer partido de la historia entre hombres y mujeres
empieza.
Empiezo con unos pases cortos, sin miedo, pero la rabia se apodera de mi cuando veo que nos dejan
seguir, no nos atacan, están formando un puente y nosotras pasamos por el. ¿No
nos ven como a unas posibles contrincantes? ¿Se creen superiores? Miro a Nadia,
que está a mi izquierda, luego a Marta, a mi derecha, éstas miran a todas las
demás, ellas me miran a mi, y como si todas se hubieran dado cuenta de lo que
estaba pasando, aceleramos el paso. Los pases cada vez son mas cortos,
acercándonos más entre nosotras, intentando parecer débiles, una presa fácil de
coger, y tontos como son, caen en la trampa. Justo cuando tengo a Evans encima
mio, me permito unos segundo de más para dedicarle una sonrisa, un segundo después ya le he sobrepasado.
Nos dispersamos. A diferencia de los chicos somos más
flexibles, nos movemos más rápidamente y con agilidad, con confianza.
Regateamos, sobrepasamos y finalmente llegamos a la portería, donde sin que
nadie me lo diga, chuto.
No sé si lo he hecho bien pero, unos segundos después, escucho
ruido, mucho ruido, la gente grita y de repente un gran peso se amontona encima
mio. ¿He marcado un gol? Me libero de los abrazos persistentes de todas y miro
hacia la pelota, la cual está dentro, en la mismísima portería.
Chillo, muchísimo, y rio también, creo estar llorando. Es
solo un gol, pero me siento feliz, no por haber superado a Evans, ni mucho
menos; por haberme superado a mi misma. Por demostrar de lo que somos capaces
las chicas, que no somos débiles, que también sabemos luchar y por encima de
todo, que somos personas iguales a los hombres.
La primera parte ha acabado y siento que podemos con esto,
tal vez mañana pueda decir: “hemos ganado”.