Ayer encontré los guantes que había perdido. No me acordaba del color, por lo que me ha sorprendido ver que eran azules. Ahora odio ese color. Estaban muy sucios, llenos de polvo me han hecho estornudar. Ahora que los observo bien, en el derecho hay una mancha de aceite; recuerdo haberlo limpiado, también la frustración de no poder hacer desaparecerla.
Ayer encontré unos guantes llenos de recuerdos de cuando iba a la universidad, cuando los encerré en este baúl no pensé que volvería a verlos, ni tocarlos, simplemente deseaba que se desintegraran. Así todos esos recuerdos dolorosos lo harían a la vez.
Ayer no me atreví a tocarlos, por lo que aún siguen en la misma posición: bien dobladitos, esperando a que alguien los utilice. Por mi pueden seguir esperando. Con la misma expresión de ayer, pienso en lo que debería hacer con ellos, venderlos? tirarlos? guárdalos otra vez? o tal vez, ponérmelos?
Ayer no me atreví a recordar tus mejillas, rojas por el frio, mientras me entregabas estos guantes como regalo. Hoy espero ser más fuerte, porque las imágenes han empezado a aparecer, y no piensan irse hasta que las vea todas.
Si no recuerdo mal era enero, y hacíamos cuatro años de noviazgo. Era navidad por lo que, aunque hacia mucho frio, la gente reía en la calle. Tú y yo, cogidos de la mano, nos dirigíamos hacia alguna cafetería, para evitar congelarnos. Fue una de las mejores navidades que jamás pasaría; bromas por parte de los dos, risas intermitentes y besos dulces como el cappuccino de la cafetería. Llevaba los guantes que me habías regalado meses atrás, con la mancha visible, por suerte no te enfadaste y te reíste de mi torpeza al comer macarrones.
Todo, todo era perfecto, hasta que aquel niño salió disparado hacia la carretera.
Lo que más me gustaba de ti, era tu amabilidad. Por supuesto también estaban tus bromas, ya sabes que me encanta reír. Eras demasiado amable, hasta el punto de salir corriendo para evitar que un niño fuese atropellado. Siempre me arrepentiré por ser tan egoísta y estúpida, pero, en aquel momento, hubiera preferido que fueras maleducado y nada amable, así, ahora estarías, probablemente, junto a mí.
Me acerco a los guantes y los toco, solo en este momento es, cuando descubro con asombro, que estoy llorando. Secando las lágrimas miro la hora, es tarde. Miro, nuevamente, los guantes y sorprendiéndome a mí misma me los pongo. Los acerco a mi nariz y huelo tu aroma, estornudo (por el polvo) y me limpio lo que queda de lágrimas.
Me pongo el abrigo, cojo el ramo de flores y volviendo a repetir esta acción des de hace casi cuarenta años, me dirijo hasta el cementerio.
No sé dónde te encuentras ahora, tal vez estés riendo en alguna esquina, observando cómo los años me consumen. No te preocupes, no tendrás que esperar mucho más, te prometo que no tardare. Nuestra cita aún sigue en pie, cierto?
PD: Te quiero.
Derechos de autor, no copiar ni publicar sin permiso en otros lugares.
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